El Cerebro Adicto
Las adicciones han acompañado a la humanidad desde sus orígenes y se les ha considerado desde vicios y signos
de debilidad hasta sinónimo de fortaleza y virilidad. Algunas culturas llegaron
a tener deidades asociadas con
sustancias hoy consideradas como adictivas y su consumo llegó a ser privilegio
de monarcas, sacerdotes y guerreros victoriosos. Hoy sin embargo se les
considera una enfermedad y la ciencia las estudia como tales desde hace muy pocas
décadas.
El término adicción se utiliza para definir un padecimiento que involucra el
uso de sustancias que provocan
respuestas conductuales y reacciones químicas en el cerebro de quien la padece,
además de generar una dependencia incontrolable y desmedida hacia dicha
sustancia o sustancias, generando un deterioro en la calidad de vida del
enfermo y en muchas ocasiones también de su entorno familiar, extendiéndose a
cualquier ámbito en que el adicto se vea involucrado.
Además de la adicción a sustancias, las sociedades modernas han creado conductas
o necesidades en las personas que se asemejan mucho a las adicciones. Entre
otras podemos señalar la compulsión por apostar, por los videojuegos o hacia las
relaciones interpersonales; de tal forma
que quienes las padecen incurren en conductas delictivas, llegando al extremo
del homicidio o el suicidio.
Cambio de Enfoque.
La ciencia inicia la investigación de las adicciones durante la década de
1930, sin embargo el doctor Howard Merkel, quien es profesor de historia de la
medicina de la Universidad de Michigan y autor del libro An Anatomy of Addiction: Sigmun Freud, William Halsted, and Miracle
Drug Cocaine afirma que en la década de 1880 la Cocaína era considerada un
fármaco que curaba todo, desde la adicción a la morfina y la depresión hasta la
dispepsia, la fatiga e inclusive la tuberculosis. Estaba disponible en tónicos,
polvos, vinos y refrescos. Su más grande defensor era un neurólogo vienés:
Sigmund Freud, quien comenzó a estudiar los efectos de la Cocaína en 1884, y
sus apuntes clínicos demuestran que su sujeto experimental favorito era él
mismo.
Hoy en día es posible obtener imágenes cerebrales y ver la influencia de
las drogas en distintas regiones de dicho órgano, estos estudios permiten
considerar la adicción una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican
la estructura, la química y el funcionamiento cerebral.
Radiografía de una adicción.
La adicción es una enfermedad que progresa por etapas, según el doctor
Rubén Baler quien es científico de la salud del NIDA. Quien además afirma que
en la primera etapa las personas utilizan sustancias para alcanzar la euforia
que brindan, pero este consumo de drogas se convierte muy rápido en enfermedad
en quienes la utilizan en forma crónica..
Al ingresar en el cerebro las drogas obstaculizan su sistema de
comunicación e interfieren en el proceso normal de intercambio de información
neuronal. Las células nerviosas se comunican por medio de sustancias químicas
llamadas neurotransmisores que llevan mensajes entre ellas. Una neurona libera
el neurotransmisor, que cruza un espacio interneuronal, conocido como sinapsis,
y se adhiere a un receptor (una proteína) en otra neurona. Neurotransmisor y
receptor embonan como una llave en una cerradura. La estructura química de
drogas como la mariguana y la heroína es tan similar a la de un neurotransmisor
natural, que los receptores las aceptan como si fueran el neurotransmisor
La mayoría de las drogas interfieren con la actividad de un neurotransmisor
llamado dopamina, que desempeña un papel fundamental en las sensaciones de
placer. “El cerebro está condicionado a repetir conductas que permiten la
supervivencia y las drogas actúan produciendo una activación mucho mayor de la
que ocurre en las situaciones naturales de recompensa”, explica la doctora María
Elena Medina Mora Icaza quien es directora del Instituto Nacional de
Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz
Cuando falta la droga el cerebro ya no cuenta con dopamina suficiente y la
persona deja de disfrutar cosas naturalmente placenteras, lo que conduce a la
apatía y a la depresión. “Cuando el cerebro comienza a adaptarse a altos
niveles de dopamina, el individuo tiene que usar más y más droga para obtener
el mismo efecto”, añade Rubén Baler. Es decir, se desarrolla tolerancia a la
droga. En el individuo que ha llegado a esta etapa, la falta de droga provoca
el llamado síndrome de abstinencia, con síntomas como ansiedad, irritabilidad,
náuseas, insomnio, episodios de sudoración, temblores y psicosis, y puede
llevar a la muerte.
Los Factores ambientales y la Genética.
“Los factores genéticos más o menos explican 40 o 60% del riesgo total. El
resto son factores ambientales, sociales, culturales, dietéticos. Todo tipo de
factores que no entran en el biológico”, señala Baler y agrega que no existen
personas sin riesgo genético absoluto. “No se trata de uno o cuatro genes que
sean malos”. Tenemos miles de genes. A fin de cuentas, el que se manifieste el
comportamiento adictivo dependerá tanto de lo genético como del entorno.
Los factores ambientales también influyen de manera importante, ya que el
consumo de algunas sustancias no solo es socialmente aceptado sino hasta
incentivado. Aún cuando muchas de éstas son censuradas en público, algunos
grupos reducidos de amigos o en ámbitos como el estudiantil, de deportistas, de
artistas, de la farándula o simplemente por la búsqueda de aceptación de un
grupo en particular por parte de un individuo, se recurre a dichas sustancias.
Al coincidir con los factores genéticos antes mencionados y convertirse en una
conducta repetitiva es muy factible que se genere una adicción.
Desde hace casi un siglo grupos de entusiastas del combate a las adicciones,
quienes empíricamente y mediante ensayo y error han recurrido a las condiciones
ambientales para combatir las adicciones con muy buenos resultados. Alcohólicos
Anónimos y los grupos que de ahí derivaron. Instituciones como el Betty Ford
Center quienes reunían grupos interdisciplinarios con la finalidad de generar
condiciones ambientales y médicas favorables para ayudar a los adictos a obtener
progreso en su recuperación. También muchas religiones y grupos que fomentando
la espiritualidad o las actividades deportivas han conseguido mejorar la
calidad de vida entre algunos de sus miembros con dicha problemática.
Actualmente la sociedad ha cambiado sus paradigmas. Algunos sectores
abiertamente ensalzan la producción, la distribución y el consumo de sustancias
adictivas, convirtiendo dichas actividades en modelos ideales de vida y de
éxito social. Otros trabajan arduamente tratando de prevenir las adicciones y
procurando informar a los grupos que se consideran vulnerables o de alto riesgo
para fomentar los valores y fortalecer la autoestima con el fin de
contrarrestar el bombardeo de que serán objeto muchos individuos a lo largo de
su vida.
Un factor adicional
Ver las adicciones como un problema que solamente involucra individuos
enfermos y sustancias adictivas es ver solamente una parte del problema.
Actualmente los adictos representan el sector de consumo más lucrativo del
mundo. La adicciones representan un mercado globalizado de decenas de miles de
millones de dólares y entre sus principales promotores lo mismo se encuentran
deportistas de élite, estrellas de la música, figuras mediáticas de fama
mundial, la industria cinematográfica, la televisión, las redes sociales y en
general los medios de comunicación e instituciones públicas y privadas.
Una lucha cuerpo a cuerpo.
A pesar del bombardeo masivo la verdadera lucha se lleva a cabo en el
interior de cada individuo, en ese escenario nadie puede luchar por nadie. A
los potenciales adictos no les falta información, de hecho es la excesiva
información la que los desconcierta, ya que por un lado los promotores de las
adicciones promueven vivir el momento y muestran el lado atractivo que promete
sexo, poder y dinero. Mientras los promotores de la salud promueven un camino
que no se muestra ni atractivo ni fácil, pero que ofrece como recompensa salud,
paz interior y un bienestar integral al cual no mucha gente aspira.
El problema existe y llegó para quedarse y ni los adictos son caperucita ni
las adicciones son el lobo feroz, la prevención es lo más adecuado pero no hay
una fórmula que funcione para todos. Las instituciones de salud están ahí, la
investigación científica continuará avanzando y los entusiastas de la autoayuda
y las religiones seguirán con la mano extendida ofreciendo ayuda. A cada
individuo le tocará procurarse los medios para lograr ser uno de los que se
salve y no uno de los que caiga, sin embargo muchos acudirán gustosos al canto
de las sirenas pensando ingenuamente que nada les sucederá.
Bibliografía:
Guerrero Mothelet, V. (2013). El
cerebro adicto. ¿Cómo ves?, N°. 177,
(Pp. 10-14). México: UNAM. Recuperado el 13/04/15, de:
http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/177/el-cerebro-adicto
Merkel Howard. (2011) El problema de cocaína de Sigmund Freud en sitios http://mexico.cnn.com Consultado el 10/06/20015. Recuperado de http://mexico.cnn.com/salud/2011/07/26/el-problema-de-cocaina-de-sigmund-freud
Reflexión
Elegí este tema porque se
ocupa de la salud mental y emocional de los individuos, un problema de salud
pública que aqueja a la sociedad contemporánea. Es un tema del que la población
debería procurar informarse de manera oportuna y correcta además de tener
varias perspectivas para cuando sea necesario, emita una opinión o proporcione
orientación de manera informada a quienes en su entorno se lo soliciten o lo
requieran ya que muchas veces cuando las personas se dan cuenta que el problema
llegó a su casa ignoran que hacer y lo único que se les ocurre es negar el
problema.
Muchos mitos e información tendenciosa
o poco útil para quien padece ésta enfermedad circulan en torno a este
padecimiento, no es fácil saber qué hacer, sin embargo si se ha abordado de
manera seria y responsable es posible acudir a más de una alternativa de ayuda
y será más fácil ponderar cuál podría funcionar mejor de acuerdo a las
características del enfermo.

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